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sábado, 2 de marzo de 2013

Franny and Zooey - J.D. Salinger

TINA (morosely): Oh, darling, darling, darling. I'm not much good to you, am I?
RICK: Don't say that. Don't ever say that, you hear me?
TINA: It's true, though. I'm a jinx. I'm a horrible jinx. If it hadn't been for me, Scott Kincaird would have assigned you to the Buenos Aires office ages ago. I spoiled all that. (Goes over to window) I'm one of the little foxeds that spoil the grapes. I feel like someone in a terribly sophisticated play. The funny part is, I'm not sophisticated. I'm not anything. I'm just me. (Turns) Oh, Rick, Rick, I'm scared. What's happened to us? I can't seem to find us anymore. I reach out and reach out and were just not there. I'm frightened. I'm a frighetened child. (Looks out window) I hate this rain. Sometimes I see me dead in it.
RICK (quietly): My darling, isn't that a line from "A Farewell to Arms"?
TINA (Turns, furious): Get out of here. Get out! Get out of here before I jump out of this window. Do you hear me?
RICK (grabbing her): Now you listen to me. You beautiful little moron. You adorable, childish, self-dramatizing—

Zooey's reading was suddenly interrupted by his mother's voice—importunance, quasi-constructive—addressing hime from outside the bathroom door: "Zooey? Are you still in the tub?"
"Yes, I'm still in the tub. Why?"
"I want to come in for just a teeny minute. I have something for you."


¿Han notado cómo no para de hablarse de los hipsters en todos lados? Lo que me sorprende es que tengo amigos tan ajenos a la cultura popular yanki que por ahí no te conocen ni "We're not Gonna Take It" de Twisted Sister, pero que saben lo que es un hipster. La globalización de ese término en particular, de esa tribu urbana, para mí ha trascendido tantas barreras que hoy en día NADIE desconoce lo que es un hipster. ¡Hasta mis viejos y mis abuelos saben lo que son!

Pero si de repente conocen a alguien que no sabe lo que es un hipster (y por ende, todavía no odia a los hipsters, o simplemente piensa que son unos "chetos"), Franny and Zooey es el libro que tienen que recomendarle para que sepa de una buena vez cómo viene la cosa.

Franny and Zooey está compuesto por dos cuentos, uno corto y otro medianamente largo: "Franny" y "Zooey". El primero se centra en la hija más chica de la familia Glass, una familia muy peculiar de Nueva York, en la que hay otros hijos más grandes (en particular Seymour y Buddy tienen mucha importancia en estos relatos), y que tienen, por ejemplo, el mérito de que todos los chicos participaron de un programa de televisión cuando niños. "Zooey" se enfoca en el varón más chico, Zachary (Zooey de cariño), y en la angustia religiosa y espiritual de Franny.

Van a tener muchos diálogos que invitan a pensar en cuándo demonios empezamos todos a creernos tan importantes. Porque es cierto, ¿no? En algún momento a alguno de nuestros antepasados se le ocurrió pensar que nuestras vidas tienen que tener sentido, y que tenemos que tener a Dios de nuestro lado. Franny and Zooey es sobre esa búsqueda de sentido, sobre el apetito espiritual en una vida material, y sobre la aparente nimiedad de cualquier cosa que no está a la altura de lo que nosotros pensamos que merecemos.

Aparte de eso, recomiendo mucho la prosa del libro. A mí me encantaron The Catcher in the Rye y también los cuentos de Nine Stories, que tienen esa sensación de oralidad tan bien lograda que te vuela la peluca. Franny and Zooey es otro logro de Salinger, que de nuevo muestra toda su maestría para capturar la esencia del diálogo.

Por otra parte, qué loco que se mencione a Buenos Aires en un libro de Salinger, ¿no les parece? Aunque ya nos habíamos topado con menciones a Buenos Aires ambién en Cándido de Voltaire y eso es más loco todavía. ¡Ah! Toda mi vida me engañaron: estaba convencido que Zooey era una mujer, pero resulta que era el hermano mayor de Franny. Es más, él es el que está detrás del nombre de la insoportable, intolerable, fastidiosa, irritante, inaguantable e insufrible Zooey Deschanel.


Puntuación: 9/10 ulis.

Me gustaría debatirlo con: Joseph Ratzinger (ahora que debe estar al pedo).

Próximo libro: The Elegance of the Hedgehog, de Muriel Barbery

martes, 18 de septiembre de 2012

The Brief Wondrous Life of Oscar Wao - Junot Díaz

(...) You might roll your eyes at the comparison, but, friends: it would be hard to exaggerate the power Trujillo exerted over the Dominican people and the shadow of fear he cast throughout the region. Homeboy dominated Santo Domingo like it was his very own private Mordor; not only did he lock the country away from the rest of the world, isolate it behind the Plátano Curtain, he acted like it was his very own plantation, acted like he owned everything and everyone, killed whomever he wanted to kill, sons, brothers, fathers, mothers, took women away from their husbands on their wedding nights and then would brag publicly about "the great honeymoon" he'd had the night before. His Eye was everywhere; he had a Secret Police that out-Stasi'd the Stasi, that kept watch on everyone, even those everyones who lived in the States, a security apparatus so ridiculously mongoose that you could say a bad thing about El Jefe at eight-forty in the morning and before the clock struck ten you'd be in the Cuarenta having your cattleprod shoved up your ass.  


En realidad no tenía planeado reseñar ninguno de los libros que había leído antes de comenzar la lista, pero El reino de este mundo se conectaba tan bien con The Brief Wondrous Life of Oscar Wao, (como los dos lados de la misma moneda, o los dos países de la misma isla), que lo escribí.

La primera aclaración: Oscar Wao no es un chico asiático. La edición que me prestaron tiene a un niño en traje de Flash comiendo chocolate, y además parece asiático. No hay asiáticos en esta novela, excepto por Akira.

El libro en cuestión es hermoso, aunque también sumamente triste (el título lo dice todo). Sigue la historia de una familia dominicana-estadounidense a través de un par de generaciones, con todo el realismo mágico posible (mezclado con mucho cómic norteamericano y manga japonés), con madres despechadas, vínculos carnales, tristes desencuentros, aún más tristes encuentros, Trujillo, Trujillo y Trujillo.

Yo creo que además sigue toda una tradición de la literatura latinoamericana de la que hablaba en la entrada anterior sobre El reino de este mundo. Díaz no deja de mencionar cómo en realidad todo este asunto de lo real maravilloso o el realismo mágico está en la misma realidad de Latinoamérica (como se puede ver un poquito en la cita de arriba). Hagámonos cargo, nuestra realidad es mucho más mágica que la ficción, y la ficción sólo recoge esos episodios. Por otra parte, también tiene mucho de la cultura pop estadounidense, de la japonesa, y llega a decir que el Che Guevara era el típico nerd (!).

Claro que yo creo que disfruté The Brief and Wondrous Life of Oscar Wao más que el lector promedio. He aquí una ecuación simplificada de los factores que inciden en la apreciación del libro:
a) Ser dominicano o de familia dominicana, +25%. a.1) Si el destino de tu familia fue directamente afectado por el accionar de Trujillo, +10%.
b) Gustar de los cómics, +18%
c) Haber visto Akira y otros clásicos del animé cyberpunk, +12%.
d) Tener un sobrinito que se parece al niño de la tapa, +8%.
e) Haber querido escribir libros como los de Stephen King, +6,5%.

En mi caso, cumplo con a), a.1), b) y d). Akira la vi cuando era muy chiquito y no me acuerdo de nada, así que no cuenta. Por lo tanto 25% + 10% + 18% + 8% = 61%. Yo lo disfruté un 61% extra.

Listo. A los 9 ulis que le doy a este libro, réstenle el 61% de plus que le doy y súmenle lo que les corresponda de las otras opciones. Con eso tendrán un índice absolutamente incierto de cuánto disfrutarán el libro.


Puntuación: 9/10 ulis.

Me gustaría debatirlo con: Juan Luis Guerra.

Próximo libro: Viaje a la Alcarria, de Camilo José Cela, o The Great Gatsby, de Francis Scott Fitzgerald.

jueves, 30 de agosto de 2012

The Fall of the House of Usher - Edgar Allan Poe

He admitted, however, although with hesitation, that much of the peculiar gloom which thus afflicted him could be traced to a more natural and far more palpable origin—to the severe and long-continued illness—indeed to the evidently approaching dissolution—of a tenderly beloved sister, his sole companion for long years, his last and only relative on earth. "Her decease," he said, with a bitterness which I can never forget, "would leave him (him, the hopeless and the frail) the last of the ancient race of the Ushers." While he spoke, the lady Madeline (for so was she called) passed through a remote portion of the apartment, and, without having noticed my presence, disappeared. I regarded her with an utter astonishment not unmingled with dread; and yet I found it impossible to account for such feelings. A sensation of stupor oppressed me as my eyes followed her retreating steps. When a door, at length, closed upon her, my glance sought instinctively and eagerly the countenance of the brother; but he had buried his face in his hands, and I could only perceive that a far more than ordinary wanness had overspread the emaciated fingers through which trickled many passionate tears.


Aquí es donde uno se da cuenta de que el criterio de selección utilizados por Boxall et ál. sufre de incoherencias insalvables. Poe en su vida sólo escribió una  novela, The Narrative of Arthur Gordon Pym of Nantucket, y el resto son poemas y sus famosísimos cuentos. No nos engañemos: "The Fall of the House of Usher" es un cuento y no es, ni remotamente, una novela. No podría constituir nunca un libro, así que incluirlo en la lista de los 1001 libros es para mí un error. Yo creo que lo aquí primó, como admiten ellos mismos, fueron las ganas de incluir a Poe como escritor, porque además del cuento que nos compete, también incluyeron "The Purloined Letter" y "The Pit and the Pendulum" en esta selección. En fin...

Mucho podría decirse de Poe ¿verdad? Para empezar, yo creo que debe ser uno de los pocos autores en toda la historia de la literatura universal (bueh) que tiene un estilo tan característico que resulta reconocible en cada párrafo. Ese mismo estilo, creo yo, le ayuda mucho a crear las atmósferas y dar con el tono buscado.

En este cuento seguimos a nuestro narrador, quien recibe la carta de su amigo de la infancia Roderick Usher. Roderick, quien junto con su hermana eran los últimos vástagos de la familia Usher, sufre de una enfermedad y acude a su amigo en busca de ayuda. La enfermedad que lo aqueja no tiene nombre, pero sufre de una especie de hipersensibilidad, además de ser hipocondríaco. El narrador lo contiene todo lo que puede, leyéndole y hablando con él, pero al mismo tiempo uno empieza a sentir todo lo que pasa alrededor.

En efecto, la elección del título nos dice que la casa de "la Casa Usher" no se refiere sólo a Roderick y su hermana Madeline, sino también a la mansión en sí. La residencia de los hermanitos aporta al clima general de misterio y suspenso, a la oscuridad y al aire macabro, con cada uno de sus "movimientos".

Como es un cuento corto y no quiero arruinar nada más, voy a hacer un par de comentarios sobre Poe. Resulta que nuestro querido Edgar Allan fue hijo ilegítimo de una pareja de artistas itinerantes, que murieron antes de que éste cumpliera dos años. Lo adoptó una familia de Virginia, aunque viviría peléandose con su padre adoptivo. Fue a la universidad, pero dejó porque era muy borracho y se le acabó la plata. Se enlistó en el ejército pero se arrepintió en seguida y se hizo echar. Se casó con una prima que tenía 13 años y que no mucho después se murió de tuberculosis. Con esta vida horrible, sumido en la pobreza (nunca hizo un peso de sus obras) y borracho, Poe murió joven, a los 40 años.

Lo que sí, fue uno de los primeros escritores norteamericanos que creyó firmemente en la literatura como vocación, una idea muy romántica que caería simpática luego. Siempre creyó que debía dedicarse a eso y por eso siempre fue pobre. Ha sido una injusticia que no se lo haya reconocido en su momento (sobre todo en Estados Unidos), pero nadie le quita su aporte a las letras.


Puntuación: 9/10 ulis

Se recomienda leer: antes de irse a dormir, con sólo una muy tenue luz prendida, tapadito hasta la nariz. Si es posible, pedirle a un tío o abuelito que fume pipa y tenga bigote que se los lea.

Extra: recomiendo la adaptación a corto cinematográfico que hizo el grandioso Jan Svankmajer.

Próximo libro: The Catcher in the Rye, J. D. Salinger

viernes, 18 de mayo de 2012

El sabueso de los Baskerville - Arthur Conan Doyle

Uno de los defectos de Sherlock Holmes -si es que puede llamársele defecto- consistía en que era muy reacio a comunicar todos sus planes hasta el momento en que se realizaban. No hay duda de que, en parte, esto se debía a su propio carácter imperioso, que gustaba de dominar y sorprender a cuantos le rodeaban; pero,en parte, era también a causa de su cautela profesional, que le llevaba siempre a no correr ningún riesgo. No obstante, el resultado era muy molesto para las personas que actuaban como agentes o ayudantes suyos Siempre había sufrido yo por este motivo, pero jamás tanto como durante aquel largo viaje en la oscuridad. La gran prueba estaba frente a nosotros; al fin estábamos a punto de llevar a cabo nuestro esfuerzo final y, sin embargo, Holmes no había dicho ni una palabra, y yo tan sólo podía conjeturar cuál iba a ser el curso de su acción. Mis nervios experimentaron una gran excitación cuando, por fin, el viento frío nos dio en el rostro y los amplios espacios a ambos lados de la carretera me indicaron que de nuevo nos encontrábamos en el páramo. Cada paso de los caballos y cada giro de las ruedas nos acercaban a nuestra aventura suprema.


Cuando yo era chiquito, uno de mis tantos sueños era ser astronauta (sigue siéndolo). Mi papá, en cambio, soñaba con ser detective privado. Claro, él cuando niño había leído muchas historias de Sherlock Holmes, comics de Batman y de Corto Maltés, Dick Tracy, y seguro miraba Scooby-Doo también. Recuerdo que cuando tenía unos 10 años me dio un libro de la colección Billiken, que todavía conserva, que incluía cuatro cuentos de Las aventuras de Sherlock Holmes, y que a mí me fascinó "La liga de los pelirrojos". Claro que yo en ese momento estaba más preocupado por terminar el Super Mario World y ver Los Caballeros del Zodíaco.

Por todo esto, lamento mucho no haber leído este libro antes (si alguna vez tengo hijos, será lectura obligatoria), porque siento que si lo hubiera aprovechado de niño, hoy sería más inteligente, con más capacidad de deducción, y tal vez hasta me gustaría más la ciencia. Porque Sherlock Holmes es básicamente eso: un científico (igual que Batman). Es un hombre que se basa en el método deductivo, a través del análisis de múltiples datos, y saca conclusiones que guardan absoluta relación con las conjeturas y teorías que teje a medida que avanzan sus investigaciones. Sin dudas, yo creo que leer alguna de sus historias sería muy provechoso para los niños que dan sus primeros pasos en las ciencias naturales.

En esta novela, nuestra pareja detectivesca trata de develar el misterio detrás de una maldición que pesa sobre la familia Baskerville. Desde el momento inicial, y pese a muchos indicios que apuntan a un ser sobrenatural, Holmes descree de una explicación que no tenga fundamento científico alguno. Nunca dice "Elemental, mi querido Watson", por cierto, aunque a veces tiene ese aire de tipo culto y un poquito arrogante. Watson, su fiel compañero, es el que nos narra la historia. Sin querer queriendo, Watson nos cae mejor que Holmes porque piensa con nosotros, nos acompaña, y no nos oculta nada.

Decir más sería arruinarle la lectura a alguien, así que lo dejo aquí. Sin embargo, vale mencionar que esta novela fue llevada al cine 25 veces, ni más ni menos. Tan clásico es este libro que se hizo una adaptación en la Alemania nazi (!) y dos en la Unión Soviética (!).

Creo que aquellos que lean esta novela de adultos, como yo, sentirán que se han perdido de algo bueno de la niñez. No obstante, no es menos disfrutable: el misterio seguirá siendo un misterio hasta que el guacho de Holmes se digna a explicarnos sus averiguaciones. Lo que se han perdido, queridos amigos, es la oportunidad de soñar con un mundo de detectives pre-CSI.


Puntuación: 9/10 ulis.

Próximo libro a leer: The Call of the Wild, de Jack London

Mención especial a mi amigo Rodrigo, que me prestó el libro. Gracias.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Santa Evita - Tomás Eloy Martínez

Al despertar de un desmayo que duró más de tres días, Evita tuvo al fin la certeza de que iba a morir. Se le habían disipado ya las atroces punzadas en el vientre y el cuerpo estaba de nuevo limpio, a solas consigo mismo, en una beatitud sin tiempo y sin lugar. Sólo la idea de la muerte no le dejaba de doler. Lo peor de la muerte no era que sucediera. Lo peor de la muerte era la blancura, el vacío, la soledad del otro lado: el cuerpo huyendo como un caballo al galope.



Hace unos años, cuando Tomás Eloy Martínez falleció, me sentí triste. Aunque no había leído ningún libro de él, sí me gustaba como periodista. Recuerdo haber leído la anécdota que decía que Martínez tomaba todos las noches, a las 19:30, un vaso de gin & tonic. Me halagó (tontamente) compartir bebida alcohólica favorita, aunque yo tomo de a dos vasos, y no todas las noches. Recién ahora me vengo a enterar de que además de periodista y escritor, también fue académico y crítico de cine. O sea, un grande.

Santa Evita fue traducida a treinta y siete idiomas y publicada en cincuenta y seis países, lo que debería dar una idea del alcance de esta novela. Porque sí: Evita es una obsesión de los argentinos, depositaria de nuestro amor y de nuestro odio, objeto de debates apasionados, figura de una época que marcó un antes y un después. Es el emblema de toda una generación, un movimiento político, una clase social y una fe. Pero si llegó al imaginario cultural compartido de tantos en el mundo, no es solo porque Andrew Lloyd Webber escribió un musical de Broadway con su nombre, ni tampoco porque Madonna la haya representado en el cine. No; no debe confundirse la consecuencia con la causa. Después de todo, hasta en Ucrania se oyen los ecos de Evita, casi 60 años después de su muerte, en la piel de la ex primera ministra Yulia Timoshenko (ahora presa política).

La cita de arriba es la que da comienzo al relato. Lo que sigue es el ascenso de Evita, su muerte, su beatificación y su vejamen-vejación. Evita es el objeto de devoción de una fe enorme (baste recordar los sacrificios y las ofrendas que se presentaron cuando estuvo enferma), pero esta fe es pagana y, aunque suene paradójico, sacrílega. Se le atribuyen milagros, pero también maldiciones. No es tarea fácil abarcar en un solo libro la inmensidad del mito, sobre todo porque Evita está llena de contradicciones, de glorias y miserias. Pero Tomás Eloy Martínez lo logra, tomando solo lo que nada tiene de mitológico: su muerte y el viaje nómade que emprende su cuerpo. Es cierto que todos dicen que este tipo de ídolos populares se convierten en leyenda solamente si mueren jóvenes (como Gardel, el Che Guevara, Kurt Cobain o James Dean), y el mito de Evita empezó, como los otros, en vida. Sin embargo, Martínez demuestra que en muerte Evita siguió su ascenso divino y ahí, a diferencia de los otros, se convirtió en santa.

Ahora bien, decir que Santa Evita es una novela es 50% mentiroso, puesto que casi todo lo que narra acerca del cuerpo en sí es cierto. Flores y velas sí aparecían al pie de su ataúd aunque los militares se empecinaran en moverlo de aquí para allá, y efectivamente chocó un camión militar que lo transportaba, y así murieron sus tripulantes. Su cuerpo sí estuvo en el cine Rialto (hasta hace poco El Teatro de Colegiales, hoy Teatro Vorterix), y el Dr. Pedro Ara sí escribió El Caso Eva Perón (el otro día lo vi, de casualidad, en una librería de usados cerca de casa). El gran mérito de Martínez periodista fue encontrar todas esas fuentes y meterlas en un solo libro; el de Martínez escritor, meterlas en una novela e imaginar el mundo de lo que no se dijo.

Ah, y el Coronel Moori Koenig se volvió loco en serio.

Puntuación: 9/10 ulis

Próximo libro a leer: El sabueso de los Baskerville, de Arthur Conan Doyle