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miércoles, 10 de febrero de 2016

Billy Liar - Keith Waterhouse

The exterior of Shadrack's, where I now paused to take my traditional deep breath before entering, showed a conflict of personalities between young Shadrack and old Duxbury, the two partners. Young Shadrack, taking advantage of Duxbury's only trip abroad, a reciprocal visit by the town council to Lyons (described by Man o' the Dales as the Stradhoughton of France), had pulled out the Dickensian windows, bottle-glass and all, and substituted modern plate-glass and a shop sign of raised stainless-steel lettering. Thus another piece of old Stradhoughton bit the dust ad the new effect was of a chip shop on a suburban housing estate. Councillor Duxbury had returned only just in time to salve the old window-dressing from the wreckage, and this remained: a smudgy sign by Stamp reading 'Tasteful Funeral, "Night or Day Service"'  (which, as my other colleague Arthur had said, needed only an exclamation mark in brackets to complete it) and a piece of purple cloth on which there was deposited a white vase, the shape of a lead weight, inscribed to the memory of a certain Josiah Olroyd. The reason Josiah Olroyd's vase was in Shadrack's window and not in the corporation cemetery was the his nae had been misspelled, and the family had not unreasonably refused to accept the goods ordered. The Olroyd vase always served to remind me of a ghastly error with some coffin nameplates in which I had been involved, a business that was far from finished yet, and it was with this thought uppermost in a fairly crowded mind that, nintey minutes late I entered Shadrack and Duxbury.


A decir verdad, poco puedo decir de este libro. Llámenme mentiroso si quieren, pero no me produjo nada mientras lo leí, no retuve nada y, en suma, me aburrió. Puede que sea porque se quedó en su tiempo, en el sentido peyorativo de esa expresión y aunque le pese al periódico The Guardian. Quizás me habría gustado la película, aunque el mismo periódico se encarga de decir de que está sobrevalorada.



Puntuación: 1/10 uli.

Leelo cuando: hayas visto la peli y llegues a ese momento donde decís: "Seguro que el libro es mejor".

Próximo libro: Q & A (Slumdog Millionaire), de Vikas Swarup

martes, 14 de mayo de 2013

The Elegance of the Hedgehog - Muriel Barbery

Clean lines, simplicity; no, that's not it. "But what would you rather have?" asked Colombe, exasperated, because I didn't manage to finish my first mullet. I didn't answer. Because I don't know. I'm still only a little girl, after all. But in my mangas, people seem to eat differently. It looks simple, refined, moderate, delicious. You eat the way you look at a beautiful picture or sing in a beautiful choir. Neither too much nor too little: moderate, in the good sense of the word. Maybe I'm completely mistaken; but French cuisine seems old and pretentious to me, whereas Japanese cuisine seems...well, neither young nor old. Eternal, divine.

Ha pasado bastante tiempo desde mi última entrada, y ¿qué mejor manera de volver que con un libro que se merece la puntuación perfecta? Porque a diferencia de aquellos pedantes profesores de secundaria, a mí me encanta repartir dieces cuando se han hecho méritos más que suficientes. The Elegance of the Hedgehog de Muriel Barbery es, sin duda alguna, merecedor de esta calificación.

Arranquemos por el principio, o mejor, desde la planta baja. La cita es en París, en un barrio paqueto, donde hay un edificio donde viven la élite parisina, con sus niños mimados, viejas envidiosas y adolescentes con problemas del primer mundo. Pero en este edificio, abajito, vive Madame Michel, la encargada. Ella es gorda, fea, vieja, malhumorada y no parece salirse de los cánones que los demás esperan de una mujer con ese trabajo.

Más arriba vive Paloma Josse, una nenita de doce años que ya pinta para cínica y casi nihilista. Odia a sus papás, a su hermana, a sus vecinos, a sus compañeros de la escuela y a sus maestras. La vida le parece un sinsentido inexpugnable. Solo encuentra refugio en sus mangas (historietas japonesas), su té verde y sus "pensamientos profundos", reflexiones que hace de tanto en tanto acerca de la vida y el mundo.

Y de repente, ¡zas! Un señor japonés, todo un caballero del Oriente, llega para vivir en el edificio. El libro, que intercala secciones relatadas por Paloma y Madame Michel, da un salto hacia adelante con la aparición de este personaje, quien le descorchará la cabeza a las dos mujeres y pondrá en evidencia todo el glamour y la élégance que esconden debajo de sus disfraces autoimpuestos.

La idea de un libro con un personaje japonés que llega y lo cambia todo, escrito por una francesa, me fascina. Se sabe que hace mucho que Francia padece de cierta japonocitis, y en este caso el cuadro es agudo. Mientras leía el libro, en todo momento me pareció que la idea que buena parte de Occidente tiene de la cultura japonesa está exagerada y tiene polvitos de fantasía encima, pero Barbery me convenció de que todo era genuino. Porque ése es el punto: la autenticidad. La autora no llega al extremo de idealizar todo lo japonés (de hecho, vive en Japón), y creo que uno de sus mayores logros en este libro fue el proceso de pulido y cepillado que lleva a cabo con cada una de las protagonistas hasta que nos quedamos con lo más íntimo de su esencia.

Debo decir también que leo este libro dos años después de haber visto la película en el cine. Todos dicen que uno tiene que leer el libro antes de ver la peli, y aunque tal vez sea porque la había visto hace mucho, la verdad es que en mi caso no afectó en nada la experiencia literaria. El libro es así de disfrutable, y el filme también. Y ojo cinéfilos: el señor japonés en cuestión se apellida Ozu.

Y casi me olvidaba: la parte donde Madame Michel se luce con un cuasi tratado de sociolingüística después de ver una coma mal usada es, genial.


Puntuación: 10/10 ulis.

Ideal para: debatirlo y comentar su lectura en esas citas donde te encontrás con chicos/chicas un poco más inteligentes que el resto de la humanidad y que no dejan de hacértelo notar. Ese tipo de gente que parece tan letrada que no hay con qué darle, que parece que desayuna world music, almuerza literatura rusa, cena cine francés y ocasionalmente merienda televisión yanki de canales premium. Cuando te estén sacando de quicio, tirales un "¿Alguna vez leíste L'Élégance du hérisson?" y salvá la noche.

Próximo libro: Timbuktu, de Paul Auster

lunes, 17 de diciembre de 2012

Lord of the Flies - William Golding

The silence of the forest was more oppressive han the heat, and at this hour of the day there was not even the whine of insects. Only when Jack himself roused a gaudy bird from a primitive nest of sticks was the silence shattered and echoes set ringing by a harsh cry that seemed to come out of the abyss of ages. Jack hiself shrank at this cry with a hiss of indrawn breath; and for a minute became less a hunter than a furtive thing, ape-like among the tangle of trees. Then the trail, the frustration, claimed him again and he searched the ground avidly. By the bole of a vast tree that grew pale flowers on a grey trunk he checked, closed his eyes, and once more drew in the warm air; and this time his breath came short, there was even a passing pallor in his face, and then the surge of blood again. He passed like a shadow under the darkness of the tree and crouched, looking down at the trodden ground at his feet.


Lord of the Flies es un libro que hoy parece estar muy en boga, por todo el tema de sus similitudes con la serie Lost. También se lo conoce por su supuesta inspiración en la filosofía de Thomas Hobbes. Yo soy fanático de Lost y de Hobbes, pero debo decir, no sin tristeza, que este libro fue una gran decepción. Supongo que me inflaron mucho el globo, porque el libro en sí es muy bueno, pero no lo disfruté ni remotamente tanto como esperaba. Yo pensaba que era una alegoría del estado de naturaleza hobbesiano y eso en sí ya era motivo suficiente para que me interesara, pero para mi desilusión, no tiene tanto que ver con Hobbes.

Sin embargo, no es difícil darse cuenta por dónde vienen las comparaciones. En Lord of the Flies tenemos a un grupo de niños que naufraga y termina en una isla del Pacífico. A falta de adultos y ante la bajas expectativas de que puedan ser salvados, empieza a darse espontáneamente cierto orden societal. Bah, está la parte espontánea y la parte organizada, pero como son niños, la parte organizada se va al tacho en seguida. Lo que sigue es la evolución de este grupo de niños ingleses en una horda de bárbaros cazadores (ni siquiera recolectores) que no pueden ponerse de acuerdo ni en lo más mínimo, y donde todos desconfían de todos.

Ahí, sí, están las similitudes con el Leviatán de Hobbes. Pero a Hobbes no le interesaba mucho ver qué les pasaba a un grupo de personas si se las dejaba en una isla desierta. Hobbes lanza su propuesta política pensando en la Inglaterra de su tiempo, y su estado de naturaleza es una construcción teorética (algo que muchos parecen olvidar por momentos) para justificar su propuesta. Sí es una crítica (más o menos) velada de la sociedad inglesa en la que vivía, y yo creo que The Lord of the Flies también lo es. No es, ni remotamente, la versión ficcionalizada del Leviatán, como me la habían vendido.

Para aquellos que pueden leer en inglés, recomiendo mucho leerlo en ese idioma. Me pareció que lo más lindo que tiene la novela es el uso del lenguaje. También hay mucho simbolismo que remite al Cristianismo, ya incluso desde el título, así que envidio mucho a los que leyeron la Biblia y pueden identificar muchas más reminiscencias.

Ah, por cierto, este fue el ¡primer! libro que Golding escribió. Increíble, ¿no? Después ganó el Nobel también, y leí por ahí que fue amigo de James Lovelock, el mentor de la teoría de Gaia, de la Tierra como ser viviente que un día se va a cansar de los humanos y nos va a sacudir como pulgas. Aprovecho para recomendar un libro que Lovelock escribió hace poco para explicar su teoría, revisada y actualizada, a los que no somos científicos. Se llama La venganza de la Tierra.


Puntuación: 6/10 ulis

Se lo recomendaría a: todos aquellos que no quieren ver Lost porque alguien ya les arruinó el final.

Próximo libro: Los cachorros de Mario Vargas Llosa

jueves, 1 de noviembre de 2012

Le Petit Prince - Antoine de Saint-Exupéry

  — Mais qu'est-ce que signifie « éphémère »? répéta le petit prince qui, de sa vie, n'avait renoncé à une question, une fois qu'il l'avait posée.
  — Ça signifie « qui est menacé de disparition prochaine ».
  — Ma fleur est menacée de disparition prochaine?
  — Bien sûr.
Ma fleur est éphémère, se dit le petit prince, et elle n'a que quatre épines pour se défendre contre le monde ! Et je l'ai laissée toute seule chez moi !
Ce fut là son premier mouvement de regret. Mais il reprit courage:
  — Que me conseillez-vous d'aller visiter? demanda-t-il.
  — La planète Terre, lui répondit le géographe. Ella a une bonne réputation...
Et le petit prince s'en fut, songeant à sa fleur. 


Tratándose de uno de los libros más leídos del mundo, se me hace muy difícil decir algo que nadie haya dicho. Ninguna impresión, sensación ni observación va a ser mía propia, porque seguro que miles y miles de personas habrán sentido algo muy similar. Por un lado, eso está bueno, porque Le Petit Prince es una de esas pocas cosas tan universales (por lo menos en Occidente), que todos compartimos, que nos da una sensación de comunión total. Leer este libro es pertenecer a una cultura larga y ancha (y más o menos vieja) que cada tanto siente que, de verdad, lo esencial es invisible a los ojos.

Aunque por donde se lo mire parece un libro infantil y sin duda hasta un niño lo disfrutaría, creo que yo por lo menos no lo habría disfrutado tanto como lo disfruté leyéndolo ya adulto. Curioso, ¿no? Le Petit Prince es un llamado de atención a todos los adultos, que muchas veces olvidamos cosas tan básicas y lindas como mirar por la ventana cuando viajamos en tren por estar haciendo cosas como contabilizar cada ítem que podamos (como los libros que tenemos leídos de una lista ridícula).

Siento que leí Le Petit Prince en el momento adecuado. Estuvo mucho tiempo esperándome paradito en los estantes de mi escritorio desde aquella vez que en una clase de japonés me dieron un fragmento y unas reflexiones del tipo que había confeccionado el ejercicio de comprensión escrita. Me acuerdo que yo, como cualquier adulto, pensaba que el célebre dibujo que hacía el narrador al principio del relato era un sombrero, y no una boa que se había comido un elefante. Desde entonces (habrán pasado unos 4 o 5 años) puse la copia que me dejó mi tía en el estante con todos los libros que ameritaban una lectura más urgente.

Pasaron los años y nuevos libros fueron ocupando los lugares de aquellos que fui leyendo. Este en particular se quedó, porque aunque era corto, estaba en francés y la verdad es que me daba un poco de fiaca. Pero esta vez no se me escapó y tuve que leerlo. Creo que es un libro al que no se le puede escapar indefinidamente, porque alguna vez te agarra.

Me da mucha pena pensar que un libro tan lindo se haya escrito en una época tan dramática. El autor, Antoine de Saint-Exupéry, era piloto mientras se libraba la Segunda Guerra Mundial. Yo creo que eso algo tiene que ver, porque no puede deberse a la casualidad que en una época turbulenta uno quiera pensar en la niñez como el refugio de todo lo inocente y puro, de todo lo bueno y honesto. Mientras la humanidad siga metiéndose en asuntos brutales y frívolos, Le Petit Prince no perderá la vigencia.


Puntuación: 10/10 ulis

Recomiendo leer cuando: la vida te lo ponga en las manos.

Próximo libro: Oroonoko de Aphra Behn, o Lord of the Flies de William Golding.

martes, 16 de octubre de 2012

Viaje a la Alcarria - Camilo José Cela

El viajero cree que don Eustoquio exagera. Pastrana, sin vigías, ni aires marciales, ni espíritu guerrero, ni Edad Media, es una ciudad como todas las ciudades, bella como pocas, y que sube y  baja, crece o se depaupera, según los hados se le muestren propicios o se le vuelvan de espaldas. En Pastrana podría encontrarse quizá la clave de algo que sucede en España con más frecuencia de la necesaria. El pasado esplendor agobia y, para colmo, agosta la voluntades; y sin voluntad, a lo que se ve, y dedicándose a contemplar las pretéritas grandezas, mal se atiende al problema de todos los días. Con la panza vacía y la cabeza poblada de doracdos recuerdos, los dorados recuerdos se van cada vez más lejos y al final, y sin que nadie llegue a confesárselo, ya se duda hasta de que hayan sido ciertos alguna vez, ya son como un caritativo e inútil valor entendido.


El libro que nos ocupa hoy es un libro de viajes. Yo pensaba: qué buena combinación eso de viajar y escribir/leer, ¿no les parece? Si desde La Odisea que las narraciones viajan, y desde que hay libros que uno los lee en su caballo, avión o micro de larga distancia (o subte), no creo que  haya cosa más natural que juntar a los libros con los viajes. A mí me gusta mucho viajar y también me gusta leer, y he leído varios libros durante largos viajes, sentado en un asiento incómodo con una señora en chancletas al lado mío que parece que no durmió en los últimos cinco días porque se pasa todo el trayecto roncando. ¿A quién no le pasó? Este libro es buenísimo para revivir esos viajes que a uno le traen buenos recuerdos. Cuando lo empecé no podía dejarlo, hasta que cuando iba por la mitad me hice pomada con el skate y no podía caminar. Estar inmovilizado le saca gran parte del atractivo al libro, así que lo tuve en mi escritorio como dos semanas hasta que pude dejar las muletas y terminarlo.

Como les decía, en el Viaje a la Alcarria tenemos a un viajero anónimo que deambula sin destino ni itinerario fijo por las zonas aledañas a Madrid en 1948. La verdad, el viajero es el que menos importa, porque la Alcarria misma es un personaje en sí mismo y todo el tiempo nos llegan esos personajes típicamente españoles, de esos que siempre tienen un buen refrán en la punta de la lengua para hacerte un chiste y sacarte una sonrisa. El lenguaje es una dulzura total. Yo tengo la suerte de que este libro me lo regaló mi abuela cuando lo hubo terminado, y ella, que tiene un afecto especial por España, tiene la costumbre de marcar en los libros las frases que le gustan. A continuación, algunos ejemplos para que se deleiten:
-"A la buena de Dios y a la que salga".
-"Encontraría un corazón de par en par abierto, como las puertas del campo".
-"De todo hay en la viña del Señor".
-"A voz en grito".
-"Listo como un ratón de sacristía".
-"Brihuega tiene un color gris azulado, como de humo de cigarro puro".
-"Yo ando a la que salte".
-"¡Pelillos a la mar!"

Me imagino que todas estas frases serán más comunes en España, pero a mí, como nativo de Buenos Aires, me suenan tan inusuales como ingeniosas y simpáticas.

Como en Viaje a la Alcarria se viaja sin apuros ni rumbo, no hay mucho más para decir acerca de la historia. Sí me gustaría llamar la atención hacia un hecho que a mí me parece algo injusto para con nuestro querido Cela. Resulta que nuestro autor fue señalado con el dedo cuando España recuperó el orden constitucional porque aparentemente Cela nunca se caracterizó por ser un crítico del régimen de Franco. Se dijo que su literatura no le tiraba ni un dardito. La verdad es que a mí me parece que sí. El solo retratar a la España de la posguerra era una acción crítica. Muestra a niños huérfanos pidiendo plata en la calle, gente desesperanzada que no encuentra trabajo, gente que disimula el hambre mojando el pan en el aceite de una latita de caballa, gente que se queja de que todo lo bueno va para Madrid, y gente que mira sólo al pasado, porque el presente no les da nada y el futuro mucho menos. El fragmento de arriba viene al caso, y en otro pasaje se critica a la idea del orden por sobre todas las cosas. Pensemos que Viaje a la Alcarria está situado en 1948, pero si uno lo lee de corrido piensa que está en 1848 (basta que hagan la prueba). España estaba mal, y mostrarla a cara lavada ya era una muestra de inconformidad.

Otra anécdota que me gusta cuenta que, antes de celebrar la obtención de la Eurocopa del 2008 y el Mundial del 2010, lo último que los españoles habían podido festejar en las calles fue el Nobel de Literatura que le dieron a Cela en 1982. Lo leí hace unos años y siempre me llamó la atención, ¿realmente saldría un pueblo a festejar que un conterráneo se llevó un Premio Nobel? Me parece un poco absurdo, pero no deja de ser una linda anécdota. Yo creo que el día que recibamos un Premio Nobel de Literatura Maradona debería salir desnudo a darle vueltas al Obelisco.


Puntuación: 8/10 ulis

Ideal para leer en: cualquier medio de transporte, al lado de una carpa o arriba de un cerro. No sirve para la playa.

Próximo libro: Le Petit Prince, de Antoine de Saint-Exupéry.

domingo, 19 de agosto de 2012

Buen día tristeza - Françoise Sagan

Sobre las seis, de vuelta de las islas, Cyril sacaba su embarcación a la arena. Nos dirigíamos a la casa a través del bosque y, para calentarnos, inventábamos juegos de indios y carreras con ventaja. Regularmente él me alcanzaba antes de llegar a la casa, caía victorioso sobre mí, me hacía rodar sobre la pinocha, me sujetaba, me besaba. Recuerdo aún el sabor de sus besos desalentados, ineficaces, y el ruido del corazón de Cyril junto al mío, que armonizaba con el batir de las olas sobre la arena... Uno, dos, tres, cuatro latidos del corazón y el rumor tan dulce sobre la arena, uno, dos, tres... uno: él recuperaba el aliento, sus besos eran más concretos, más agudos, yo dejaba de oír el ruido del mar y en mis orejas sólo repercutía el paso rápido y continuo de mi propia sangre.


Y finalmente llegó el momento de ponerle a un libro de la lista una nota baja, un desaprobado. Hice mi mayor esfuerzo para que me gustara, y aunque debo decir que hacia el final remonta un poquito, la verdad es que el libro me pareció pésimo.

Buen día tristeza trata sobre Cecilia, una adolescente de diecisiete años descerebrada, intelectualoide, pretenciosa, antipática, antisocial, superficial y arrogante. Huérfana de madre, vive con un padre inmaduro que no hace mucho más que tratar de prolongar su juventud cortejando a cuantas mujeres puede. En el momento él sale con Elsa, hasta que un día aparece Ana, amiga de su difunta esposa, se enamoran en una noche y deciden casarse. El resto del libro cuenta el plan de Cecilia para separarlos, involucrando en su estratagema a Cyril, su noviecito, y a Elsa.

La autora del libro, Françoise Sagan (ninguna relación con Carl) tenía tan solo 18 años cuando escribió este su primer libro. Sin duda constituye todo un mérito conseguir que un libro escrito a tan corta edad entre en una lista como la de los 1001 libros, pero al mismo tiempo no puedo dejar de pensar que no debe de haber muchas personas capaces de producir algo brillante a esa edad. En otras palabras, Cecilia seguramente sea Françoise, y su historia me aburre.

Sagan siguió su vida, sin embargo, y escribió otros libros. Se casó dos veces y después se hizo lesbiana. Nunca dejó su vida superficial y carente de preocupaciones, y aunque tal vez esté siendo demasiado duro con ella, seguro siguió escribiendo este tipo de banalidades. Hay que decir, sin embargo, que tal parece que Buen día tristeza sacudió a la sociedad francesa de su época por su tono erótico (como ilustra la cita de arriba), pero la verdad a mí no me causó nada.

Tal vez sea porque acabo de leer L'amant, que también trata de un amor adolescente, cuya protagonista también se llama Cécille/Cecilia y cuyo tono erótico es evidente. Pero Duras era más adulta cuando escribió L'amant; y lamento decirlo pero se nota la madurez en su obra y no nos parece tan insípido todo su romance.

Así termina mi apreciación del libro. Hacía mucho que Bonjour tristesse estaba mirándome de reojo desde un estante de mi biblioteca y pensé que me traería más alegrías. Por empezar, porque la autora comparte apellido con mi queridísimo Carl Sagan (autor de mi libro favorito, Cosmos), porque el título sonaba ultrafranchute y simpático, y porque la tipografía en el lomo es la misma que la de Los Simpsons.. Lo siento, Françoise. Bonjour déception para mí.


Puntuación: 3/10 ulis.

A quién se lo recomendaría: a ese raro de tipo de lectores que dicen leer "de todo" y que en realidad leen novelas románticas.

Próximo libro a leer: El viejo y el mar, de Ernest Hemingway.

miércoles, 15 de agosto de 2012

L'amant - Marguerite Duras


A cette époque-là, de Cholen, de l'image, de l'amant, ma mère a un sursaut de folie. Elle ne sait rien de ce qui est arrivé à Cholen. Mais je vois qu'elle m'observe, qu'elle se doute de quelque chose. Elle connaît sa fille, cette enfant, il flotte autour de cette enfant, depuis quelque temps, un air d'étrangeté, une réserve, dirait-on, récente, qui retient l'attention, sa parole est plus lente encore que d'habitude, et elle si curieuse de tout elle est distraite, son regard a changé, elle est devenue spectatrice de sa mère même, du malheur de sa mère, on dirait qu'elle assiste à son événement. L'épouvante soudaine dans la vie de ma mère. Sa fille court le plus grand danger, celui de ne jamais se marier, de ne jamais s'établir dans la société, d'être démunie devant celle-ci, perdue, solitaire. Dans des crises ma mère se jette sur moi, elle m'enferme dans la chambre, elle me bat à coups de poing, elle me gifle, elle me déshabille, elle s'approche de moi, elle sent mon corps, mon linge, elle dit qu'elle trouve le parfum de l'homme chinois, elle va plus avant, elle regarde s 'il y a des taches suspectes sur le linge et elle hurle, la ville à l'entendre, que sa file est une prostituée, qu'elle va la jeter dehors, qu'elle désire la voir crever et que personne ne voudra plus d'elle, qu'elle est déshonorée, une chienne vaut davantage . Et elle pleure en demandant ce qu'elle peut faire avec ça, sinon la sortir de la maison pour qu'elle n'empuantisse plus les lieux.


El primer desafío con este libro fue leerlo entero en francés: una amiga me prestó este mismo libro en francés y en español, pero decidí que haría un esfuerzo por leerlo en francés, para así practicar un poco. La verdad es que lo pude terminar, aunque me tomó más tiempo de lo previsto, y que pude entender bastante. Para haber sido el peor alumno de francés en mi colegio por 5 años seguidos (aunque después fui el mejor por un año en un curso en otro lugar, ¡ja!), creo que no está nada mal.
En fin, volvamos a L'amant y a Marguerite Duras. Pensemos en la Indochina de entreguerras: la colonia francesa en el sudeste asiático, donde están los blancos y los sometidos. Calor, mucho calor. Comida rica, fresca y por ahí picante. Tuk-tuks. Montañas verdes, arrozales y playa. En ese mundo se desarrolla nuestra historia en cuestión, pero también la de Marguerite Duras, porque (¡ajá!) este libro es —por lo menos— semi-autobiográfico. (Al parecer, cuando se hizo la película, en 1992, Duras dijo que este señor chino de verdad existió...y alguna que otra cosita más).

La historia se centra en una niña/mujer de 15 años, huérfana de padre, con una madre en bancarrota y medio loca, que se lleva a las patadas con su familia en general (sobre todo su hermano mayor), y encima vive en lo que hoy es Vietnam. La chica no es ninguna tonta, claro que no. Pronto conocerá a un hombre chino de 37 años, empresario y heredero a una gran fortuna, y se enamorarán.

A partir de ahí es donde empieza todo lo jugoso, todo lo que justifica el título del libro. La familia no pierde el tiempo, y mientras le hacen la vida imposible a nuestra protagonista por tener un romance con un chino, también se aprovecha de la situación. En el medio se intercalan las maravillosas descripciones de los paisajes vietnamitas, del valle del Mekong, de las calles de Saigón (hoy Ho Chi Minh), de la playa. Tal vez tenga que ver con que lo leí en francés, pero realmente es muy bello. Imagínense que en todo ese fresco te pintan un amorío entre una chica blanca y un adulto asiático, con todo lo que eso tiene de tabú y arriesgado.

Un último tópico que sólo voy a mencionar, pero que por razones obvias no voy a comentar, aunque es lo que más me gustó a mí, es el de las formas del amor en Oriente y Occidente. Es evidente que Duras supo trasmitir muy bien esta cuestión, y era un tema que no podía dejar de destilarse. El ojo observador y/o entrecerrado (jojo) verá muy bien cómo se pincelan las distintas maneras, convenciones, artes, seducciones, en pocas palabras, todo lo que hace al amor y al romance, para el occidental y para el oriental. Éstas confluyen y se abrazan, pero también colisionan y...bueno, no digo más.

Cierro con una frase guasa: Once you go yellow, you'll never look for another fellow. 'Nuff said.


Puntuación: 7/10 ulis.

A quién le pediría que me lo leyera: a mi profe de francés de quinto año y primer amor platónico, A. C.

Próximo libro a leer: Buen día tristeza, de Françoise Sagan.


Mención especial a Nuria, quien me prestó el libro. Gracias.

lunes, 23 de julio de 2012

A Modest Proposal - Jonathan Swift

I have been assured by a very knowing American of my acquaintance in London, that a young healthy child well nursed, is, at a year old, a most delicious, nourishing, and wholesome food, whether stewed, roasted, baked, or boiled; and I make no doubt that it will equally serve in a fricasie, or a ragoust.


Con A Modest Proposal tuve mi primera incursión en los libros electrónicos. La primera vez, al menos, que leo un libro entero en uno de estos aparititos nuevos, las tablet, que todavía no entiendo muy bien qué función útil cumplen además de dejarte jugar al Angry Birds y perder tiempo viendo videos de gatitos en tu cama.

En fin, el punto es que este libro es tan pero tan corto que lo leí mientras probaba la nueva tablet de mi hermano, porque me dio curiosidad ver cómo funcionaba la aplicación para leer libros. Debo decir que funcionó muy bien, aunque sigo prefiriendo el papel y la única razón por la que leí A Modest Proposal entero es porque no tiene más que unas veinte páginas y es muy divertido. (Bueno, antes de terminar de hablar de las tablet, me gustaría agregar que hay muchos libros que no son fáciles de conseguir en papel que sí se consiguen en versión digitalizada, así que tal vez lea alguna que otro más por ese medio).

En una palabra, cortito. En dos palabras, cortito y divertido. No deja de parecerme muy curioso que haya quedado en la lista de 1001 libros, porque no es novela, no es ficción y...no es libro. Leí la entrada en el 1001 Books... y los tipos son tan desfachatados que hablan de "panfleto" y jamás de "libro" para referirse a esta obra.

Habiendo dicho esto, no deja de ser un ensayo re copado. Swift usa toda su inteligencia y gracia para elaborar su propuesta para solucionar los problemas sociales de Irlanda: comerse a los niños. Claro que no se trata de una simple observación de un caníbal, sino de un esfuerzo por demostrar lo poco que le importaba al gobierno monárquico la problemática social que azotaba a los irlandeses. El lenguaje que usa es una delicia (tira esta propuesta con cara de total seriedad), y el razonamiento lógico de su retórica, si uno lo sigue, es muy de la política de la época. Hay mucho sarcasmo y sátira, y la facilidad y belleza con la que te transporta a otra época bien valen la lectura.

No puedo decir mucho más porque, como decía, A Modest Proposal es muy corto y pierde la gracia si me adentro demasiado. Sin embargo, sí puedo decir que es ideal para leer en el viaje de vuelta a casa, para esos momentos donde uno se aburre de leer las noticias de siempre, y para cuando todavía le quedan 15 minutos de horneado a los niños envueltos de la cena.


Puntuación: 8/10 ulis.

A quién se lo haría leer: a Pierce Brosnan y a Charles Shaughnessy, para que se acuerden de que son irlandeses.

Próximo libro a leer: L'amant, de Marguerite Duras